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Acto de entrega Doctorado Honoris Causa

Escuela Libre de Derecho.

Discurso de aceptación

 

Dr. Luis Paulino Mora Mora

 

Colegio de Abogados 16, Diciembre, 2000.

Saludos Protocolarios:

  • Licenciado Ricardo Guerrero Portilla, Rector
  • Licenciada Aida Meléndez Araya, Vice-Rectora
  • Licenciado Alvaro Meza Lázarus, Decano
  • Dr. Román Solís Zelaya, Procurador General de la República
  • Lic. Sergio Donato Calderón, Director de Carrera

Miembros del cuerpo docente y administrativo,

Estimados graduandos

Señoras y señores:

Profundamente emocionado recibo esta distinción que generosamente me han otorgado. Realmente ha sido una agradable sorpresa que agradezco en nombre personal y de Nora, mis hijos y nietos.

Como muchos de ustedes saben, antes que Juez, y Magistrado, he sido profesor, tengo casi ya 30 años de serlo, y naturalmente para uno no existe mayor alegría que un acto de graduación; esa alegría es doble para mí hoy, con motivo de esta distinción que estoy seguro que obedece más a la generosidad de quienes la otorgan, que a los méritos que haya podido hacer para merecerla.

Con la Escuela Libre de Derecho me unen muchos lazos. Fue su serio compromiso con la excelencia académica la que me motivó a unirme a ellos como docente en materia penal, y me da gusto saber que después de 22 años de existencia, esa responsabilidad hacia la calidad y la excelencia no sólo permanecen, sino que se ha fortalecido. Las ocupaciones laborales no me permitieron continuar como hubiera deseado, pero dichosamente he podido mantener una relación permanente a través de las lecciones inaugurales y otros eventos académicos.

Muchos de los docentes actuales fueron mis alumnos, incluido el Sr. Rector y la sra. Vicerectora, y varios de nuestros mejores jueces han sido alumnos de esta Universidad. De hecho en la Corte Suprema de Justicia, tenemos el gusto de contar con muchos profesionales formados en la Escuela Libre, quienes se han distinguido, no sólo por su profesionalismo y capacidad, sino por su mística y compromiso social. Con orgullo puedo decir además, que una de mis máximas y cercanas colaboradoras, que me ha acompañado por más de diez años como Letrada y asesora personal, Licda Nancy Hernández, fue una alumna de honor en esta Universidad, y sé que lleva con orgullo su alma mater, a la que representa y distingue en su diaria labor profesional.

La entrega de esta distinción se da dentro del marco de la graduación de esta Universidad, por ello quiero dirigirles a ustedes los graduandos unas palabras de felicitación. En primer lugar creo que deben sentirse dichosos de haber tenido la oportunidad de educarse en una Universidad que se ha preocupado por darles las mejores herramientas, moral y profesionalmente, que se interesa por ustedes y su futuro. También deben sentirse afortunados de que en estos tiempos de voracidad económica, la Escuela Libre de Derecho ha permanecido fiel a sus principios de educar, no con el lucro como norte, sino con los más altos valores académicos y morales.

A partir de ahora, ustedes empiezan un camino nuevo, no necesariamente más fácil -lamento decirles-, pero sí más intrigante y excitante, para muchos estará lleno de sorpresas y espero que de enseñanzas y éxitos.

Recuerdo cuando estaba sentado en su lugar, en mi día de graduación, nunca me imaginé que el derecho sería el vehículo que me daría la oportunidad de servir a tanta gente, ni menos a mi país.

Me crié en las montañas de Puriscal, acudí a la educación pública en todas sus etapas, y nunca pensé, que la vida me llevaría, de ser aquél chiquillo de pueblo, a Presidente de la Corte. Ha sido una aventura maravillosa y espero que igualmente hoy sea para ustedes el inicio de un vida llena de éxitos y oportunidades.

Los que me conocen saben que he sido un luchador, nunca un conformista, alguien que ha procurado honrar a sus padres y profesores a través del apego a sus enseñanzas y valores. Espero que ustedes también honren a sus padres y profesores por medio de un ejercicio responsable y honesto de la profesión y puedan ser ejemplo para sus hijos y nietos. Algunos de ustedes serán docentes, otros jueces –espero-, y otros abogados litigantes, pero sin importar el camino que escojan, trabajen siempre con honor, buscando la excelencia, conscientes de que ser abogado apareja una gran responsabilidad. En sus manos se depositará la confianza de mucha gente, sus esperanzas, sus preocupaciones y problemas, en muchos casos, en sus manos estarán los destinos de este país. De una u otra forma, tendrán el poder de cambiar vidas para bien o para mal. Esa es una responsabilidad que no se debe tomar a la ligera, y para la cual ustedes han sido preparados para enfrentar con altura.

Nuestro país, sin duda es una sociedad respetuosa de la ley, y por eso ha hecho de ella la base sobre la que se sustenta todo el Estado costarricense, y las relaciones de sus habitantes. Estoy convencido que la responsabilidad de todo abogado, está más allá de cuidar de los intereses de su cliente, o sus intereses personales. Todo costarricense está obligado a velar por el cumplimiento de la Constitución y la ley, y esa responsabilidad es aún mayor, para quienes hemos escogido el camino del derecho. En estos tiempos tan convulsos es imperativo que mantengamos un ojo vigilante y crítico sobre los destinos de nuestro país. La democracia y la libertad, han costado mucho a la humanidad, y con frecuencia los costarricenses las tomamos a la ligera porque dichosamente nos han sido caminos relativamente fáciles. Pero la democracia y la libertad tienen su costo, y requieren de una defensa permanente, no frente a los peligros tradicionales representados en ideologías comunistas o afines ya desprestigiadas, sino en el desencanto silencioso y permanente de los ciudadanos. Cuando un pueblo pierde su fe y respeto a la ley y la justicia, ahí si estamos a punto de perderlo todo, ese es tal vez el mayor peligro actual para nuestra paz y estabilidad.

Estoy completamente convencido que uno de los retos más grandes que tenemos, es lograr que el derecho y la justicia le lleguen a la gente común y corriente, al pueblo, que deje de ser algo ajeno y abstracto al que pueden acceder y entender sólo algunos. El respeto a la ley, al derecho, es algo que debemos rescatar en nuestra sociedad, si no queremos perder nuestra paz y libertad; por eso cada uno de ustedes en su función de abogado, debe conducirse como un defensor y educador a la vez, de los más altos valores de la ley y la justicia, para que sean transmitidos a generaciones futuras, como nos fueron transmitidos a nosotros por los forjadores de este país.

Como Presidente de la Corte, me he propuesto la enorme tarea de recobrar la credibilidad del ciudadano, de procurar que la justicia se revitalice; tarea que ustedes entenderán, no se puede hacer con paños tibios y soluciones a medias. Estoy completamente convencido que debemos intentarlo todo, incluso porqué no, de arriesgar, ya que en esta materia ningún país ha logrado alcanzar la meta de tener una justicia pronta y cumplida, que sea confiable y accesible a la vez. Las soluciones las debemos encontrar nosotros mismos, porque la época donde podíamos acudir a otros ejemplos para basarnos en ellos, ha pasado. Parte de lo que me he propuesto impulsar es una revisión total del sistema procesal, no sólo para introducir la oralidad, sino la simplicidad y celeridad en los procesos, sin caer en el error de siempre, de copiar soluciones de moda o perdernos en discusiones banales sobre institutos jurídicos. Creo que la oralidad es una forma de acercar más la gente a la justicia, de hacerla más comprensible y celera, pero no creo que debamos engañarnos creyendo, que es la solución o la meta última, porque el problema que enfrentan los sistemas judiciales en la actualidad, para disminuir la mora judicial es bastante más complejo, y no depende sólo de factores que podamos controlar, como el cambio de institutos jurídicos, sino también de factores externos como el aumento en la violencia social y la litigiosidad, así como de la voluntad política para invertir el dinero necesario para que la justicia pueda llevar a cabo eficientemente todas las labores que se le han confiado.

Me parece que a nivel filosófico debemos enfocar más nuestra atención en balancear las cuestiones jurídicas con las consecuencias económicas de nuestra actividad. Hoy día se sabe que sin un Poder Judicial robustecido y eficaz, simple y sencillamente no es posible tener, ni un Estado eficiente, ni mucho menos una economía de mercado competitiva. Afortunadamente, hoy en día, nadie desconoce la existencia de esta relación directa e indisoluble entre la sustentabilidad del modelo económico y la calidad del sistema judicial, como parte esencial del funcionamiento del Estado. Se sabe que no puede existir, ni calidad en el gobierno, entendido en su acepción general, ni condiciones aptas para el desenvolvimiento de una economía de mercado, si no existe un sistema judicial independiente, ágil y equitativo. Nadie cree hoy en día que la acción del mercado, por sí sola pueda producir competencia y promover el desarrollo, de ahí que la gobernabilidad y desarrollo de un país, dependa no sólo de la estabilidad política, sino también de otras condiciones de confianza y seguridad, que presuponen necesariamente la existencia, en primer término, de un marco legal apropiado para el desarrollo, en segundo término, de la protección de los derechos fundamentales, en especial los de propiedad y libertad contractual, y en tercer lugar, de un sistema de justicia, independiente, accesible, que inspire confianza y sea lo suficientemente ágil y moderno como para asegurar un ambiente propicio para la inversión y el crecimiento.

En otras palabras, en un Estado sujeto al derecho, son requisitos indispensables un grado de seguridad jurídica y un sistema de justicia eficientes, no sólo para la consolidación del sistema democrático de gobierno, sino también para el desarrollo económico.

En éstos términos resulta evidente, que la mejor inversión para un país, está en fortalecer su sistema de derecho y dentro del él al Poder Judicial, de tal forma que cada suma invertida producto de la inversión interna y externa en esta materia, no puede más que traducirse en desarrollo y prosperidad. Vale la pena pues, invertir en justicia, porque cada centavo asignado a ella, cumple un efecto multiplicador en la medida que todo el funcionamiento del Estado y del mercado, en última instancia se relaciona con ella.

La relación de los sistemas de justicia nacionales y el desarrollo económico representa uno de los temas más actuales e importantes del presente, tanto así que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo recientemente realizó el primer estudio regional de este tipo en asocio con el Incae y el Centro de Investigaciones en Derecho y Economía de la Universidad Complutense de Madrid. En él se analiza la manera en que la justicia puede incidir en el desarrollo económico y social de los países y se destaca al sistema judicial de nuestro país, como el que mejores condiciones ofrece para la inversión, cuando se habla de la estabilidad y credibilidad de su sistema de administración de justicia. Naturalmente que nos sentimos orgullosos de ese reconocimiento, pero pueden estar seguros que esto significa, más que cualquier otra cosa, una motivación adicional para continuar la búsqueda del mejoramiento de nuestro sistema de administración de justicia.

Otro cambio filosófico fundamental que me he propuesto hacer en el Poder Judicial, es rescatar a la persona, como centro o razón de ser de nuestra actuación. Durante muchos años, la Corte se consideraba un Poder en sí mismo, no un servicio público como en efecto es. A consecuencia de ello, actuaba en función del juez, y no de la persona. Hoy procuramos dejar esa actitud en el pasado y establecer puentes o alianzas estratégicas con la sociedad civil. Queremos que la ciudadanía nos ayuden a fiscalizar la justicia, queremos que se acerquen y nos ayuden a mejorar. Por eso hemos asumido un compromiso moral de forjar una justicia con rostro humano que rinda cuentas de su actuación al pueblo, único soberano en una democracia; después de todo, es quién paga con los impuestos nuestro salario y el servicio, y tiene derecho a saber en qué se invierten sus recursos. Hemos encontrado que escuchar a la gente, entender sus necesidades y preocupaciones, sus sugerencias, en fin incorporarlos como aliados en nuestro proceso de reforma, es el camino correcto para rescatar la credibilidad del poder judicial, y para aclarar aquellas distorsiones que sobre su actuar se han arraigado en la población. Por eso hemos iniciado un diálogo constante con actores claves de nuestra sociedad para escuchar sus puntos de vista e informar sobre nuestros planes y objetivos. Con el mismo fin Magistrados y miembros del Consejo Superior del Poder Judicial hemos iniciado giras y audiencias públicas a nivel comunitario con resultados muy positivos. A la fecha se han desarrollado con éxito actividades de esta naturaleza en Alajuela, Heredia, Liberia, Pérez Zeledón, Puntarenas, Nicoya, Limón, Cartago, San Carlos, San Ramón, y el próximo año visitaremos entre otras comunidades, a Golfito y Corredores. La asistencia a esas reuniones es libre, y las aprovechamos para dar cuentas de nuestro actuar, y ver cómo nos ven quienes se relacionan con el servicio que presta el Poder Judicial.

Frente a esta nueva forma de concebir la justicia, de hacer las cosas, es indispensable que ustedes como abogados mantengan una mente abierta. Los invito a que como integrantes de una nueva generación, como usuarios nuestros, se involucren con nosotros en esta nueva aventura de procurar una justicia más abierta y transparente. Espero que no se dejen llevar por aquellas voces que se niegan a darle a los nuevos esquemas y modelos una oportunidad.

A ustedes les corresponde iniciar el ejercicio profesional en un momento de transición, del país, y de la justicia, donde estamos obligados a dejar los esquemas que nos han regido durante los últimos cincuenta años, sin tener absolutamente claro el modelo a seguir. Espero que se aventuren a construir ese nuevo modelo de justicia con nosotros, a que se mantengan académicamente activos y críticos, que siempre aporten y sobre todo que estén conscientes que cambiar 50 años en la forma que se han venido haciendo las cosas en materia de justicia, es una tarea ardua, que no se logra de la noche a la mañana.

Es inevitable que al dirigirme a ustedes, sienta cierta nostalgia al acordarme de mi graduación. Sin embargo cuando veo atrás todo lo que este país ha logrado en materia jurídica, y el respeto que tiene a nivel internacional, siento una gran satisfacción, especialmente porque de una u otra forma he logrado contribuir a ello, con un pequeño grano de arena, desde la docencia y la judicatura. Espero que dentro de 30 o 40 años, ustedes, cuando vean atrás, se sientan tan satisfechos y afortunados como me siento ahora.

Para finalizar, les reitero mi agradecimiento a ustedes y a la Universidad por permitirme compartir estas ideas y este momento tan especial para mí, en un día tan importante en sus vidas.

Muchas Gracias