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Discurso Novena Graduación

Universidad Escuela Libre de Derecho

 

“A propósito de la libertad de expresión” 

 

Lic. Ricardo Guerrero Portilla

Rector 

Julio 2001

 

Autoridades Académicas de la Universidad:

Catedrático Don. Carlos Gómez Rodas, Vicerrector Académico

Catedrática Doña Aída Meléndez Araya, Vicerrectora de Administración

Lic. Sergio Donato Calderón. Director de Estudios

Estimables Profesores

Queridos Graduandos

Familiares y amigos de los graduandos

Queridos estudiantes

Amigos todos:

 

En un inefable contraste de sentimientos, esta Universidad, el día de hoy presenta,  con profunda alegría y alto regocijo, a la sociedad costarricense, su nueva generación de graduados.

Como tradicionalmente sucede en nuestra Universidad, al no ser nosotros parte del facilismo académico que campea en las llanuras de la educación universitaria, han sido muchos los llamados y poco los elegidos, pues como ustedes, graduandos, lo habrán podido experimentar a lo largo de sus carreras, tanto los Bachilleres, como los Licenciados, Másters y Doctores, muchos de los que fueron sus compañeros de estudios, lamentablemente, no han podido llegar a culminar la meta.

Lo anterior debe ser motivo de orgullo y alegría para ustedes, obviamente no por el escollo no superado de los que, por distintas razones de la vida, no han podido llegar, sino porque ustedes, con su esfuerzo, sacrificio y perseverancia, han podido demostrarse a ustedes mismos, a sus familias y a la sociedad costarricense, que sí es posible, sin prostituir nuestros anhelos, llegar a alcanzar altas metas.  

Hoy la Escuela Libre de Derecho, después  de más de veintitrés años  de fundada y luego de más de cuatro años de haber restablecido sus estudios de posgrado, presenta a la sociedad costarricense un máster en “Derecho y Administración Empresarial” y cuatro Doctores en Derecho.  

Ustedes graduandos de posgrado, evidentemente, son la  más palmaria muestra que el esfuerzo, el sacrificio y la perseverancia nos permiten, sin necesidad de corromper nuestras metas,  volcar nuestra mirada hacia altos objetivos, donde solo la fuerza y la constancia del espíritu que nutren al ser humano de altos valores  le permiten llegar. Se convierten hoy  ustedes en  excelso paradigma  de estas nuevas generaciones de Bachilleres y Licenciados.

Jóvenes Bachilleres y Licenciados, vuelquen su mirada hacia los compañeros que hoy alcanzan las máximas aspiraciones académicas que un estudioso puede, en nuestro país, alcanzar.  Que ellos se conviertan en el ejemplo a seguir.  Ellos son muestra de la rebelión contra el conformismo académico.  Han aspirado a lo máximo y han demostrado, que por los caminos de la honestidad y el trabajo, lo máximo no es tan lejano y mucho menos imposible. 

Ustedes saben, Bachilleres y Licenciados, que el facilismo académico y la masificación indiscriminada y mercantil de la profesión solo se combate, no cerrando las puertas al estudio y a la reflexión, sino, por el contrario, abriendo  puertas y senderos serios y responsables tanto al estudio como a la reflexión.  La mediocridad académica se combate con calidad académica.  

Hoy más que nunca, y es nuestra recomendación para estas nuevas generaciones de profesionales, no se conformen con aspirar y alcanzar uno o dos de los peldaños académicos, aspiren a lo máximo, ya sea dentro de su alma mater, bien fuera, pero aspiren y logren lo máximo; no está tan lejano y mucho menos es imposible.

Decíamos al principio que nos encontrábamos ante un inefable contraste de sentimientos, pues si bien es cierto nos acompaña una profunda alegría, porque el logro de cada uno de ustedes es el triunfo y éxito de nuestra universidad en su inclaudicable lucha por ofrecer a nuestra patria, cada día mejores profesionales que le ofrezcan a nuestra querida Costa Rica verdaderas oportunidades de desarrollo y crecimiento en todos los campos ante los avatares de lo vorágine de la globalización económica.

Pero esa alegría contrasta con una profunda preocupación y reflexión por la Costa Rica en la que ustedes y nosotros hoy tenemos que enfrentar los designios del destino.

El vil asesinato de Parmenio Medina Pérez, en nuestro criterio, no solo es un atentando contra la vida, la honestidad, la democracia y la libertad de expresión, sino que también es la cara de una nueva Costa Rica, contraria a sus valores tradicionales de pueblo civilista, sencillo y humilde cimentados con la sangre, sudor y lágrimas de nuestros  abuelos, cara de un país que no queremos para nuestros hijos. 

Este execrable acontecimiento, no es más que la punta del iceberg del estado de descomposición social que hemos tolerado y en lo que hemos permitido que conviertan a nuestro país.  Se nos vino a enrostrar aspectos tales como:

 

1 - El desprecio que tenemos por el valor vida : Qué clase de formación hemos desarrollado en las generaciones de los últimos veinte años, para tener gente que acepte el sicariato como institución.  A lo largo de estos años, aunque hallamos querido taparnos los ojos, en multiplicidad de ocasiones se han presentado homicidios por paga, aunque, tal vez, nos consolábamos pensando que eran problemas de mafia, como si no se trataran de seres humanos, o de que la mafia en sí misma no fuera un problema.  Cómo es posible y con qué entrañas hemos formado personas que matan por paga y otros, peores aún, que pagan por matar.

Sin embargo, el desprecio por la vida no lo vemos solo en estos hechos, lo encontramos en las carreteras, donde todos los días se mata gente por el desprecio, que tanto choferes profesionales, o que viven de eso, como los que no lo son, tienen por el valor vida al conducir irresponsablemente.  Hay desprecio por la vida en todas las formas de manifestación de la violencia, tanto dentro como fuera de la familia.

 

2 - La codicia por el poder económico : Otra repercusión que nos hace ver este acontecimiento es cómo en Costa Rica se manipulan verdaderas fortunas, millones de colones, que sospechosamente se manejan en dinero efectivo, en maletines, por personas, sin arte ni oficio, que no pueden dar razón de la obtención honesta de esos dineros, es más, tampoco pueden dar razón de quiénes son sus patronos.  En cualquier parte del mundo no se llamaría a esto lavado de dinero del narcotráfico o de la mafia y se le hincaría el diente hasta lo más profundo de su tuétano?  Habrá encontrado algo de esto este periodista independiente - no trabajaba para ningún medio de comunicación – tanto que su osadía le costó la vida? 

Pero se podrá realmente, en Costa Rica, investigar a profundidad esta problemática cuando la Corte Suprema de Justicia nos informa que no le alcanza su presupuesto y casi que lo tiene que andar mendigando, comunicándonos, también, que precisamente la institución más afectada por el problema presupuestario es el Organismo de Investigaciones Judiciales.  

Esto corrobora, una vez más, que la Corte tiene, por aberración, dentro de su seno entidades que no le corresponden a su naturaleza, tales como el Ministerio Público y su auxiliar la Policía Judicial, la Defensa Pública y si se quiere también la misma Sala Constitucional, que en situaciones como la presente, al no poder aclarar, por falta de recursos, en poco tiempo este tipo de casos hacer surgir en la ciudadanía la sensación de impunidad y de desconfianza en el Poder Judicial cuando el problema no tiene relación con la naturaleza propia de dicho poder.

Curiosamente,  hoy los curas quieren aparecer como empresarios de la comunicación y los empresarios de la comunicación como curas. Unos pretenden tener la agresividad y el interés por el lucro que tienen los empresarios al abrir medios de comunicación que generan millones de colones de ingresos y los otros pretenden tener la bondad e inocencia que se les reconoce a los curas, al pretender reformas legales que en principio solo beneficios a libertad de expresión traen, pero coincidiendo ambos en perseguir la impunidad en virtud de sus investiduras..

 

3 - El oportunismo :  También vemos cómo los dueños y directores de los medios de comunicación acompañados por algunos políticos de turno, aprovechándose del dolor  y shock social que actos de esta naturaleza producen, pretenden llevar, mezquinamente, aguas a sus molinos.

Antes de este censurable hecho encontramos el lamentable espectáculo montado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), quien como nuevo y moderno filibustero nos vino a decir que tenemos una democracia agria y atrasada, solo porque a una de sus empresas miembros, los Tribunales de Justicia costarricenses tuvieron la osadía, en un par de casos recientes,  de condenarlos.  

Históricamente, antes éramos ejemplo de democracia para el mundo y durante cien años nos regimos por la misma normativa y no había habido ningún problema.  Todo se marchitó cuando a algún Tribunal de Justicia se le ocurrió aplicar, por pruebas llevadas o no llevadas a estrados, la centenaria legislación.

En esta línea el Presidente del Colegio de periodistas señaló: “Nadie, ..., puede, sin embargo, llamarse a engaño. La SIP no es una organización de periodistas. La SIP es una organización de dueños de periódicos.  Ambas cosas no son la misma cosa.... Los intereses de la SIP no son necesariamente los intereses de los periodistas ni del pueblo costarricense..., la SIP se opone a la cláusula de conciencia, una conquista de los periodistas europeos y latinoamericanos que pretende otorgarle plena independencia a los periodistas de tal manera que no puedan ser despedidos por las empresas por la manifestación de sus ideas...la SIP  se opone al derecho de rectificación de informaciones inexactas, conocido como derecho de respuesta....la SIP  se opone al derecho... a recibir información adecuada y veraz...” 

 

Por su parte el periodista Álvaro Madrigal, al respecto indicó:

“Combato la intromisión de la SIP en nuestros asuntos por oficiosa y gratuita, por deformante y por no dirigirse hacia la protección del derecho a la información y el sentido de equilibrio entre informante e informado.  Las reformas pendientes  a la legislación sobre prensa son asunto nuestro, a decidir sin la intromisión de procónsules ni amos de viejo cuño que desacreditan el país en el exterior con informaciones inexactas.” 

Hoy aprovechando el deleznable acontecimiento, los medios de comunicación pretenden que se elimine del Ordenamiento Jurídico costarricense la penalidad, para los periodistas, de las injurias, la calumnia y la difamación, lo mismo que el desacato, por cuanto estos, según sus propulsores “desconocen el principio cada vez más aceptado  de ’ausencia de malicia’ (o falta de dolo)... y trasladan a los medios de comunicación las consecuencias civiles de las expresiones de terceros.” ,  También pretenden que se establezca el secreto profesional para estos profesionales.

Así podemos divisar cómo detrás de esto salta el interés económico de los medios de quitarse de encima la responsabilidad civil solidaria que en este momento tienen y por otra parte de crear un odioso fuero de privilegio y excepción que no tiene ningún otro profesional. 

Solo por el hecho de ser periodistas, ellos no cometerían, con las mismas acciones con las que sí se castiga a los demás profesionales y ciudadanos en general,  los delitos arriba indicados.

 

En un interesante debate, dos de nuestros profesores cruzaron opiniones jurídicas sobre el tema:    

El Profesor Dall’Anese sostiene que “se trata del conflicto entre el honor de la persona ofendida y la libertad de expresión de quien produce el daño.  ¿En una democracia, en un país libre, en un Estado Constitucional de Derecho es más importante el honor o la libre expresión? No hay duda que la segunda tiene mayor relevancia.  Evidencia esto el hecho de que el ordenamiento jurídico da menor importancia al honor, en tanto no persigue oficiosamente –a excepción del desacato- los delitos enumerados...Según lo dicho, es desproporcionado elevar al rango de delito las ofensas al honor, sacrificando así la libertad de expresión. Difícilmente alguien –periodista o ciudadano- osaría hablar o denunciar, a riesgo de sufrir el proceso, la condena y el estigma social de ser un delincuente.  Mientras exista la amenaza de sanciones penales por ofensas al honor, la libertad se reduce y el autoritarismo crece porque son inversamente proporcionales.”  

 

Por su parte, el Profesor Howell, refuta el anterior planteamiento indicando que:

“El que los delitos contra el honor requieren la acción privada en tanto que otros no, no significa que el bien jurídico propiedad, por ejemplo, es (sic) preferente al honor, solo porque aquel es de acción pública.  La acción privada es correcta en el lugar que ocupa por el componente subjetivo que representa para la víctima incoar un proceso penal en el que es objeto de examen, y no porque el Estado le resulte útil.  El Estado cumple con brindar el medio punitivo a la víctima..., la menor punición en los delitos contra el honor (sancionados con días multa) tiene fundamento en la extrema consideración que el orden constitucional prodiga a la libertad de expresión, y no en que subestime al honor.  Se considera así que hay proporción entre ambos bienes jurídicos, un sutil y ponderado equilibrio: no tanto que menoscabe la libertad de expresión ni tan poco que denigre el honor como valor social... Si de proporcionalidad se trata, la afrenta al honor debe pagarse con el honor.  Y todo esto es porque la ética en el periodismo es decir la verdad, sin torcerla, sin maquillarla... Lastimosamente la verdad no ocupa un sitial de honor en nuestra sociedad hoy.  De ahí que mientras exista garantía penal, la libertad de expresión no correrá peligro de ser el feudo de los pocos que detenten los medios masivos de información.”  

Creemos, por nuestra parte, que la eliminación de la penalidad de estos delitos para los periodistas ciertamente produciría un desequilibrio muy peligroso para los ciudadanos frente al poder de la comunicación. El problema de la violación al honor de una persona sería solo un problema de dinero, que, como hemos visto, se pretenden sacudir los propietarios de los medios, para dejar respondiendo, solo por variar, al humilde periodista asalariado. 

Nuestra cultura, a diferencia de la norteamericana, donde el valor pecuniario todo lo resarce, no restablece el honor de una persona estableciendo solo un monto de indemnización.  Es más importante, en nuestra cultura, que el ofensor ejerza el derecho al retracto, de modo que pueda ofrecer las excusas que correspondan, existiendo por eso existe esa oportunidad procesal para el imputado, que la indemnización que se fije  en la condenatoria cuando no se pueda demostrar la veracidad de los hechos ofensivos del honor.

El manejo de la información y la comunicación representa en sí mismo un poder, que no solo se traduce en lo económico –más de mil millones de colones de utilidades en un solo medio  -, sino también en lo social, cultural, educativo, político e ideológico, de manera, que como poder que es debe estar sujeto a todos los sistemas de frenos y contrafrenos, pesos y contrapesos a que está sometido todo poder en protección de la sociedad civil.   

De ahí, la necesidad de mantener, tal y como lo afirma el periodista Madrigal,  “la veracidad de la información, el derecho de rectificación y respuesta, el respeto a la intimidad y a la imagen, la presunción de inocencia, la carga de la prueba a cargo de quien imputa o empaña el honor, la permanencia en sede penal de los delitos de esta especie,... son reglas intocables, así le duela a la SIP.  Afinar las reglas de la responsabilidad solidaria, el secreto profesional, la sobreexplotación del periodista, el perfeccionamiento de las reglas de la exceptio veritatis, son temas a discutir con amplitud... La experiencia... es suficiente para tener por demostrados que no solo de la ley vienen las restricciones para el periodista.  Más grave es la camisa que imponen los centro de poder político y económico y los intereses de los dueños de los medios.” 

En resumen, mal hacen los medios de comunicación y se ve muy feo tratar de llevar agua a sus propios molinos, aprovechando la coyuntura creada por el execrable acontecimiento, cuando la realidad es que el medio donde se difundía el programa del malogrado periodista, por mantener sus intereses económicos, de audiencia y las buenas relaciones con la Iglesia Católica, lo había censurado, aunque hoy se rasgue las vestiduras y pretenda hacerle homenajes y reconocimientos.

Hacemos patente nuestra felicitación a los graduandos, así como a sus familiares, quienes han sido las víctimas pasivas de la ausencia de sus seres queridos por tener que dedicar, en momentos especiales, esas horas al estudio y  por ser quienes han estado hombro con hombro a la par de ellos motivándolos en los momentos difíciles para que lograran culminar la meta de esta aventura intelectual.  El mérito también es de ustedes. 

Graduandos recuerden que luchar por la libertad es no permitir, con honestidad y valentía, que ella se convierta en libertinaje. Éste secuestra y esclaviza los más nobles valores de la patria y solo beneficia y responde a los intereses de los corruptos.

En palabras de Debravo decimos:

 

“Creo en la libertad a pesar de los cepos, a pesar de 

los campos alambrados” 

 

Muchas gracias!!!