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Discurso Primera Graduación

Universidad Escuela Libre de Derecho

 

Lic. Ricardo Guerrero Portilla

                                                                                 RECTOR

                                                                                Julio 1997

Señores 

Autoridades Académicas de la Universidad

Distinguidos Invitados Especiales

Estimables Profesores

Queridos Graduandos

Familiares y amigos de los graduandos

Queridos estudiantes

Amigos todos: 

 

Asistimos hoy a un día pletórico de regocijo en el devenir histórico de nuestra querida institución.

Hoy casi veinte años después de que la Escuela Libre de Derecho saltara a la palestra de la educación universitaria privada costarricense, como un Colegio Universitario, especializado en la enseñanza de la las Ciencias Jurídicas, se presenta, con la madurez que dan los años de trabajo, esfuerzo, sacrificio, sufrimientos, sinsabores y alegrías, ante ustedes y ante la sociedad costarricense, asumiendo un nuevo reto, una nueva responsabilidad, para la cual se ha preparado a lo largo de todos estos años.

Hoy presenta, como Universidad autónoma e independiente y bajo su única y entera responsabilidad a sus primeros graduados.

Hoy la Universidad Escuela Libre de Derecho presenta aquí, en el seno del Foro Nacional, a un grupo de muchachos, que con la frente en alto, con la hidalguía que da la certeza del deber cumplido, pues se tomó una decisión de vida al apostar por  “el orgullo de estudiar seriamente derecho” en su alma mater, aceptaron transitar el camino de los hombres de bien, el camino, para algunos espinoso, sinuoso y difícil del sacrificio por el amor al estudio, pero que para ellos fue el camino de la esperanza, de la luz, de la responsabilidad ante sus familias y amigos, pero ante nada de responsabilidad ante la patria.

Seguros estamos que estos graduandos, por esa decisión vital, y los que integramos la gran familia de la Escuela Libre de Derecho sabemos a que nos referimos, van a responderle con creces a su alma mater, demostrando, profesionalmente, por qué son graduados de “La Libre”.

En este claustro del Foro Nacional, queremos decir públicamente, que tal y como antaño, la Escuela Libre de Derecho ha logrado superar los mil escollos que el destino le ha puesto en su camino, y hoy está dispuesta, nuevamente, a superar, con la frente en alto, los desafíos de la mediocridad y el facilismo académico.

Enfrentaremos estos desafíos cubiertos bajo el estandarte de la libertad de enseñanza y blandiendo en nuestro brazo, nervudo y pujante, el mazo demoledor del compromiso y el amor por la honestidad en la enseñanza, para que esta sea útil a nuestro país, pues el axioma reza “lo que no es honesto tampoco es útil y no hay utilidad donde no hay honestidad”, ello en palabras del ilustre jurisconsulto romano Cicerón en sus Oficios, palmarias enseñanzas a su hijo, que hoy, tal vez con mayor fuerza deben imperar, frente a estos jóvenes profesionales que se disponen a enfrentar su destino, ante el desatino que provoca la vorágine incontenible de la globalización y del desarrollo.

Nos ilustra nuestra maestro don Álban Bonilla, cuando en una de sus obras nos dice: “En la Edad Media, cuando imperaba el principio de la inmovilidad de la verdad, las universidades eran concebidas como transmisoras del conocimiento.

En la actualidad, en condiciones de revolución científico-técnica, y más aún cuando en las postrimerías del siglo XX todos los paradigmas se han derrumbado y hay que crear otros nuevos, las universidades se conciben como creadoras de conocimiento y, subsidiariamente, como transmisoras de conocimiento... Es aquí donde la poesía, el ensayo, la escultura, la música, la filosofía, las disciplinas humanísticas tienen un rol primordial que jugar.  Tenemos esa responsabilidad.  Tenemos la palabra.  Si la humanización no parte de nosotros ¿De quién partirá?...El facilismo académico lo que produce son títulos devaluados y nuestros estudiantes no quieren título devaluados.”  

Nosotros agregaríamos, no solo los estudiantes no quieren títulos devaluados, la patria no quiere profesionales devaluados y deshumanizados, porque, al fin y al cabo quien paga el precio es ella, al desangrarse, ante la imposibilidad del desarrollo en todos los campos, por la mediocridad de sus hombres y mujeres, que embelesados por la magia y la fantasía de la mercadotecnia caen rendidos ante los destellos de las luces enceguecedoras del facilismo académico.

Lo anterior nos lleva a hacer nuestras las palabras del maestro español José Ortega y Gasset cuando  analizando la relación entre cultura y ciencia manifestó: “Hoy atravesamos -contra ciertas presunciones y apariencias- una época de terrible incultura.  Nunca tal vez el hombre medio ha estado tan por debajo de su propio tiempo, de lo que éste le demanda.  Por lo mismo, nunca han abundado tanto las existencias falsificadas, fraudulentas.  Casi nadie está en su quicio, hincado en su auténtico destino.  El hombre al uso vive de subterfugios en que se miente a sí mismo, fingiéndose en torno un mundo muy simple y arbitrario, a pesar de que la conciencia vital le hace constar a gritos que su verdadero mundo, el que corresponde a la plena actualidad es enormemente complejo, preciso y exigente.  Pero tiene miedo -el hombre medio es hoy muy débil, a despecho de sus gesticulaciones matonescas- tiene miedo a abrirse a ese mundo verdadero, que exigiría mucho de él, y prefiere falsificar su vida reteniéndola hermética en el capullo gusanil de su mundo ficticio y simplicísimo.

De aquí la importancia histórica que tiene devolver a la Universidad su tarea central de “ilustración” del hombre, de enseñarle la plena cultura del tiempo, de descubrirle con claridad y precisión el gigantesco mundo presente, donde tiene que encajarse su vida para ser auténtica.” 

Esto último es lo que nuestra Universidad tiene como misión y al contrario del gran maestro español, quien manifestaba su preocupación por lo que él denominó la “barbarie de la especialización”, nosotros manifestamos nuestra preocupación por lo que podríamos llamar la “especialización de la barbarie” a través del facilismo académico.

Jóvenes graduandos, la Universidad se regocija con la consecución de sus metas y con ustedes disfruta plenamente del logro alcanzado, solo les recuerda, que ustedes hoy culminan con éxito su etapa de estudiantes, pero ingresan a una nueva etapa, fascinante y misteriosa, pero de suma responsabilidad, la de estudiosos. 

Nunca crean que ya lo saben todo, pues entre más se investigue -definición por antonomasia del jurista- y más se aprenda, de ahora en adelante por su propia vocación y determinación, se hace patente el axioma socrático de que “solo sé que no se nada”.

Felicidades y dicha a ustedes en estos logros, pero también felicidades y dicha a los familiares y amigos afectivos, pues estamos seguros que han sido piedra angular en la consecución de esta meta, ya que sabemos que siempre en la culminación de este esfuerzo ha estado presente el apoyo, la comprensión y el sacrificio de los seres amados.

Felicidades a todos ustedes y gracias graduandos por haber decido por “el orgullo de estudiar seriamente derecho”. 

 

Muchas gracias!!!