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Discurso Trigésimo Tercera Graduación

Universidad Escuela Libre de Derecho

 

“EL CORAZÓN VALIENTE”

Ricardo Guerrero Portilla

Rector

07/06/2013

Con especial regocijo hoy, el Búho Universitario, presenta a la sociedad costarricense una nueva generación de graduados, seguro de que ellos representan la victoria del raciocinio, la inteligencia, el conocimiento, el espíritu, la perseverancia,  la responsabilidad, la calidad y la valentía, sobre la fuerza, la barbarie, la inquina, el materialismo, la desazón,el facilismo y la perversidad.

 

Ejemplo de esa barbarie, inquina y perversidad es la amputación de un corazón valiente, joven, quien por tratar de cuidar y defender una especie marina -las tortugas baula- fue víctima de un atroz, salvaje y cobarde ataque por  pretender proteger el patrimonio de la humanidad, pagando con su vida el pecado de ser valiente, soñador e idealista.

 

Este vil acto no es ni más ni menos que el reflejo de de lo que está aconteciendo en nuestra realidad, donde los flagelos de la corrupción, el crimen organizado y el narcotráfico, campean como amos sin señor dentro de nuestra sociedad. No en vano el dólar se mantiene desde hace mucho tiempo pegado a la banda, tenemos el dudoso honor de ostentar un record mundial en lavado de dinero, todos los proyectos de infraestructura estatal se cuestionan por procedimientos e intereses erráticos, vemos riqueza espontánea por doquier: autos extraordinariamente lujosos, yates, aviones ejecutivos, mansiones y consumismo exacerbado, sin mayor justificación y con ello el ensanchamiento de la desigualdad social.    

 

Hacemos nuestras las palabras del escritor Mario Madrigal, quien sobre el “corazón valiente”, en su artículo “La muerte de quien defendía la vida“, escribió:

 

 “Siempre he admirado a los que luchan y defienden la naturaleza, los animales, los árboles y hasta las plantas más insignificantes, porque lo que hacen es defender nuestras vidas. Los seres humanos, en su loca carrera para obtener riqueza a cualquier costo, no se dan cuenta de que lo que están haciendo es cavando su propia tumba.

La contaminación avanza, como una marea mortal por toda la tierra, mientras los bosques retroceden y, poco a poco, van desapareciendo. Es un suicidio colectivo. No se dan cuenta de que el aire limpio no es un lujo sino una necesidad y que la tierra que mancha de café los ríos es una advertencia de que con esa tierra se va también la vida.

Por eso duele que una persona como Jairo Mora, que defendió siempre la naturaleza, haya sido brutal y cobardemente asesinado. Se eliminó no solo una persona valiosa sino, también, una misión, un ideal, una esperanza de vida. Y duele también que su muerte hubiera podido ser evitada si quienes tienen la obligación de proteger a quienes trabajan por el bien público hubieran cumplido con su deber. Una de las últimas palabras de Jairo Mora fueron: “Si un guardacostas o un policía dice que nos apoya, está mintiendo.””

 

La indignación  por el cegamiento del corazón valiente de JAIRO MORA SANDOVAL nos hace rendirle homenaje alzando la voz, porque su idealismo lo llevó a atravesarse con valentía a los más deleznables intereses del crimen y toda su perversidad y señalar, que su heroísmo y martirio no pueden ser en vano,  deben servir para que toda la sociedad abra los ojos, vea el entorno de la realidad y que con el espíritu de los abuelos de la campaña de 1856, estemos dispuestos, valientemente, a enfrentar estos flagelos, desde cualquier trinchera en la que nos encontremos sirviendo.

 

Frente a la espiral inflacionaria del desánimo, representada por los anillos avernales del narcotráfico, la corrupción y la violencia, no existe otra alternativa para combatirlos que el estudio serio y responsable, sustentado en una  educación de calidad. Lo contrario implica atentar contra el equilibrio social, porque para nadie es un secreto que la educación es el mejor vehículo de ascenso social y por ello de desarrollo humano.

 

Para hablar de educación de calidad debemos reunir todos los factores materiales necesarios como planta física, tecnología, laboratorios y bibliotecas y  otros más, tal vez subjetivos pero indispensables, tales como la disposición del docente de transmitir conocimientos y valores, así, como fomentar la relación humana entre maestros y pupilos   y que éstos, juntos, en un movimiento sinfónico, respondan a la batuta, diestramente dirigida,  de un proceso, bien planificado, de enseñanza y aprendizaje. 

 

En este proceso LA CALIDAD, es la ASPIRACIÓN, es la partitura que el autor nos pone frente a nosotros, como reto, para traducirla en una gran sinfonía.  

 

EL PROCESO DE ENSEÑANZA Y APRENDIZAJE es la orquesta que nos permite, a través de una batuta bien dirigida, lograr hacer realidad el objetivo, el fin, la aspiración, de modo que la sinfonía se escuche acorde con la partitura que el autor concibió.

 

En fin, la educación de calidad se resume en una aspiración cotidiana y permanente del quehacer educativo, la que siempre anhelamos alcanzar y que, como buenos interpretes, cada día soñamos  sea mejor.

 

Graduandos, el mágico oído del búho universitario percibe que ustedes representan el sueño alcanzado:

 

¡La sinfonía que se escucha acorde con la partitura que el autor concibió!

 

La antítesis de la educación de calidad lo constituye el facilismo académico, lacra social que se convierte en la espiral inflacionaria del desánimo  que nos lleva a los anillos avernales del narcotráfico, la corrupción y la violencia. 

 

La mayoría de ustedes graduandos, hoy, en principio, dejan de ser  nuestra responsabilidad académica, pero nos preguntamos: ¿desaparecerá con ello la aspiración a  la excelencia, o por el contrario, lo único que ha cambiado es el traslado de la responsabilidad de quién es el llamado a alcanzarla? ¿Cambió la partitura o solo cambió el interpreté?

 

Hoy la Universidad les otorga a unos el grado académico de Bachilleres o Licenciados en Derecho y a otros el posgrado de Especialistas, Másters o Doctores en Derecho.

 

Todos coinciden en cuanto cumplieron con un programa de estudios, superando con creces los rigurosos requisitos académicos, evaluativos y de graduación que exigen nuestros perfiles profesionales

 

Graduandos, el Búho Real, emblema de nuestra universidad, está feliz porque todos ustedes coinciden en su interés por el Derecho. Los Bachilleres dan su primer paso en la aspiración de ser abogados y los Licenciados están por alcanzarla cuando se incorporen al Foro Nacional.Por su parte, los graduandos de posgrado hoy, en un extraordinario esfuerzo en pro de la excelencia profesional, digno de ser reconocido,  se erigen en paradigmas y faros de puerto que con su luz orientan el buen navegar de los más jóvenes. 

 

 La felicidad del pertinaz Búho se ve plenamente realizada, cuando, como capítulo aparte, el día de hoy, una mujer y un varón ejemplares, con su esfuerzo, trabajo encomiable y tesonero e inclaudicable aspiración a la excelencia, han obtenido el más alto grado académico que la Universidad otorga: El grado de Doctores en Derecho.

 

A propósito de la sinfonía bien interpretada, es menester resaltar, que como en una metamorfosis académica pasaron de iluminarse con  la intensidad de los rayos del sol incandescente del conocimiento,  a ascender y fundirse como un todo en la incandescencia de ese sol. De ahora en adelante, usted doctoranda KATTIA LORENA JIMÉNEZ FERNÁNDEZ y doctorando MARVIN SEGURA MONTERO, asumen la indeclinable responsabilidad, por su calidad académica, de ser causa y no efecto: Deben iluminar con sus propias luces a las nuevas generaciones, porque la formación a la que ascienden exige, a través de la investigación y de la publicación de sus obras, dejar de ser receptor para ser proveedor de conocimiento. 

 

¡A ustedes doctorandos Jiménez Fernández y Segura Montero los recibe la academia con especial calidez!

 

 Ustedes graduandos, como ha sucedido con las generaciones que les han precedido, son el fundamento y la energía del Búho universitario, son los que le han permitido crecer, desarrollarse y llegar a un nivel de plena madurez y portentosa visión.

 

Es importante rescatar aquellas palabras del filósofo griego Aristóteles (384 AC-322 AC) quien señalaba que:

 

La excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía.”

 

 

A ustedes, la universidad les ha dado el conocimiento y las destrezas para que, a través de actos de justicia, templanza y valentía, en honor al corazón valiente, soplen con fuerza las raídas velas de un Estado, que como nave profundamente averiada por los embates del narcotráfico, el crimen organizado, el entrabamiento burocrático y su consecuente efecto: la corrupción y la desconfianza institucional, cada día se le hace más y más difícil navegar en el tormentoso mar de los tiempos actuales en pos del buen puerto.

 

Uno de los más preclaros profesores que les ha permitido hablar de justicia, templanza y valentía, del que la universidad se enorgullece, hoy también es reconocido por ella al nombrarlo parte de su cuerpo de catedráticos.

 

A usted: Presbítero M.Sc. Hugo Bonilla Campos, la Rectoría de la Universidad le reconoce, casi veinticinco años de docencia en nuestras aulas como Profesor de los cursos de Instituciones del Derecho Romano, Teoría General del Derecho y Filosofía del Derecho, amén de todos los otros requerimientos y méritos académicos, que en usted son de sobra cumplidos, tales como haber sido Vicario Cooperador en las Parroquias de Santiago de Puriscal y Desamparados, Cura Párroco en 10 comunidades, a saber: de San Juan de Tobosi y San Cristóbal, San Rafael de Montes de Oca, San Isidro de Coronado, San Vicente de Moravia, Tabarcia de Mora, San Antonio de Escazú, Agua Caliente, Pacayas de Alvarado, Tierra Blanca y Guadalupe de Cartago. Posgrado en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia Santo Thomas de Aquino in Urbe Roma, Italia, Máster en Doctrina Social de la Iglesia y Desarrollo Humano de la Universidad Juan Pablo II, Abogado Litigante y Notario Público, Director del Departamento Legal de la Curia Metropolitana, Abogado Eclesiástico. Por todo ello se le nombra ¡CATEDRÁTICO! que es la más alta categoría del escalafón docente, pasando con ello a formar parte de los órganos consultivos de la universidad.

 

Usted, Presbítero M. Sc. Hugo Bonilla Campos,  ha sido, para estas generaciones y deberá seguirlo siendo para las futuras, espejo refractor de los rayos luminosos del sol incandescente del conocimiento, emblema de nuestro escudo universitario y símbolo de justicia, templanza y valentía.

 

Graduandos, a nombre del Búho universitario les felicitamos a ustedes y a sus familiares y amigos porque estamos seguros que en la consecución de esta meta, ellos han tenido papel protagónico.

 

Graduandos y Catedrático Bonilla Campos, en honor al corazón valiente y para que su partida prematura no sea en vano, que las siguientes palabras de Juan Pablo II (1920-2005) Papa de la iglesia católica, les sirva de brújula:  

 

“Hasta que quienes ocupan puestos de responsabilidad no acepten cuestionarse con valentía su modo de administrar el poder y de procurar el bienestar de sus pueblos, será difícil imaginar que se pueda progresar verdaderamente hacia la paz.”

 

 Muchas gracias